SENTIMIENTOS HUMANITARIOS

Sin mucho mas q decir sobre lo sucedido en chile... Esta todo mas q a la vista...
averigua donde podes ayudar a nuestros Hermanos de alma..
Siempre hay Lugares donde podemos aportar un granito de arena para toda esa gente q sufre.. q estan en la nada total y absoluta. Lo unico q les qda a esas personas y familias es la esperanza de saber q pueden tender la mano y de vos depende q sus esperanzas no decaigan...

Dios bendiga tus buenas obras, tu esfuerzo y tus ganas de cambiar el mundo...
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Sólo entendemos el ‘milagro de la vida’ cuando dejamos que suceda lo inesperado. Todos los días Dios nos da, junto con el sol, un momento en el que es posible cambiar todo lo que nos hizo ‘infelices’. Todos los días tratamos de fingir que no percibimos ese momento, que ese momento no existe, que hoy es igual que ayer y será igual que mañana. Pero quién presta atención a su día, descubre el ‘instante mágico’, puede estar escondido en cualquier parte.”

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jueves, 18 de marzo de 2010

FLORA


Además de sus habitantes y animales, la flora también tiene un papel determinante en el País de las Hadas. Desde la más diminuta flor hasta el árbol más frondoso puede esconder un poder peculiar que lo hace mágico y diferente.
En el cuidado de los bosques, las hadas ponen un empeño especial, sobre todo protegiendo los árboles, que son su morada predilecta; en ellos se esconden y arropan. Sus preferidos son los de mayor antigüedad, y entre los antiguos eligen el roble, el fresno y el espino. Estos árboles están protegidos por las hadas, por lo que se corre un gran peligro si se talan. Algunas historias cuentan cómo unos hombres trataban de talarlos, pero nunca lo lograban porque el hacha o la sierra se doblaba como si fuera de plastilina. En otras historias en el momento de talarlos se escuchaba un llanto o un grito que lo impedía. Algunos fueron imprudentes y lo intentaron, pero hoy no lo pueden contar.

El roble es el árbol sagrado por excelencia y uno de los refugios preferidos por las hadas. Su madera es muy fuerte y durarera, por lo que éstas se sienten muy seguras en su interior. Hace ya mucho tiempo, los druidas le rindieron culto y creían que pertenecía a una antigua categoría de semidioses.

El fresno es un árbol también muy estimado porque protege contra los malos espíritus. Cuentan que si te atreves a quemar una sola ramita de fresno en tu casa, la casa entera saldrá ardiendo.

El otro árbol protegido es el espino, sobre todo el espino blanco, que da a las hadas poderes mágicos. Si destruyes un espino, privas a las hadas de parte de su poder, por lo que éstas impedirán a cualquier precio que lo logres.
Pero el poder de estos árboles aumenta si los encontramos juntos: dicen que cuando un roble, un fresno y un espino crecen cerca, si se ata un hilo rojo que junte una rama de cada árbol, se crea una fuerte protección contra los malos espíritus.

En el cuento La Bella Durmiente del Bosque de Perrault, la princesita cayó dormida cuando se pinchó con el huso de hilar. Junto a ella se encontraba el hada que la había protegido desde su nacimiento y, para que no se encontrara sola cuando despertase, decidió encantar todo el castillo con sus habitantes dentro. Ante el encantamiento, alrededor del castillo, se formó una alta muralla de espinos y zarzamoras entrelazadas que sólo el príncipe pudo cruzar. Así el espino cumple la función de proteger el interior del castillo de las miradas curiosas, y el príncipe será el único que pueda atravesarlo.

El saúco es otro árbol venerado por las hadas, sobre todo porque con las bayas de este árbol se elaboran vinos y mermeladas. También es un árbol sagrado. En Inglaterra y en Dinamarca estaban convencidos de que los saúcos albergaban a un espíritu guardián, que protegía hasta tal extremo el árbol, que había que pedirle permiso para recoger las bayas. Si alguien se atrevía a cortar un saúco, su osadía atraería las enfermedades, que acabarían con su ganado o le traerían la muerte. Para los irlandeses los saúcos son brujas transformadas, por lo que el peligro de talarlos aumenta.

El acebo ya era un árbol sagrado para los celtas. Las distintas culturas siempre lo han considerado protector, e incluso es frecuente decorar la casa con macetas de acebo en Navidad, como símbolo de paz en el hogar. Es un árbol pequeño, con un fruto de color rojo vivo, que en invierno constituye una parte importante de la dieta de muchos mamíferos. En el mundo de las hadas hay una gran diferencia entre encontrarlo con bayas, que tendría una gran potencia benéfica, o encontrarlo sin ellas, pues entonces sería malévolo y peligroso.

Los árboles frutales también adornan el País de las hadas. Entre éstos el avellano y el manzano destacan sobre los demás por sus virtudes mágicas. No debe extrañarnos que el avellano sea uno de los árboles frutales frecuentes en el País de las Hadas: primero porque crece en regiones templadas, y recordemos el fantástico clima de este sitio; segundo porque su fruto, la avellana, contiene una sola semilla de sabor muy agradable, y ya sabemos la afición de las hadas por los dulces. Pero, mortales, tened mucho cuidado con lo que hacéis a la sombra de un avellano, porque dicen que aumenta la fertilidad. De este árbol también se cuenta que concede sabiduría al mortal que lo come.

En cuanto a las manzanas, a nadie sorprende sus cualidades mágicas, porque en nuestra cultura ha sido la fruta más repetida asociada siempre a la belleza, el poder y la juventud. En la cultura occidental abundan las historias, leyendas y cuentos en que la manzana es el centro del relato, con un enorme poder, capaz incluso de cambiar la historia de los hombres.
Los griegos y los romanos ya apreciaban esta fruta y en asentamientos prehistóricos descubiertos en los lagos suizos se han hallado restos carbonizados de manzanas.
En la Biblia la manzana era la fruta prohibida. En el Edén el hombre podía comer de cualquier árbol, menos de la manzana, porque el manzano era el árbol del saber, el árbol que descubría al hombre que estaba desnudo y le hacía esconderse, era el árbol del conocimiento y del dolor, símbolo de la desobediencia del hombre y origen del castigo divino. Por morder la manzana perdimos el Paraíso y la inocencia.
En la literatura griega tampoco se olvidaron del poder de la manzana. Homero, en su Ilíada, nos narró la historia de “la manzana de la discordia”, causante de la guerra de Troya. Eris, diosa de la discordia, enojada por no haber sido invitada a la boda del rey Peleo y de la nereida Tetis, arrojó en medio del banquete una manzana de oro destinada a la diosa más hermosa. Como Zeus se negó a elegir, las tres diosas más bellas, Hera, Atenea y Afrodita, le pidieron a Paris que eligiera a la más hermosa. Cada diosa trató de sobornar a Paris para que la escogiera, y finalmente Paris eligió a Afrodita, que le prometió que si la escogía tendría a la mujer más bella del mundo, Helena de Troya. Una vez que Afrodita fue elegida persuadió a Helena para que se fugara con Paris. El famoso rapto de Helena fue el causante de la Guerra de Troya. Aquí la manzana no expulsa del paraíso, pero provoca una guerra.
En Blancanieves la manzana es el instrumento de la venganza de la bruja. Nuevamente esta fruta es considerada símbolo de la belleza. En este cuento la malvada bruja se enfada porque el espejo le dice que ella no es la más bella, puesto que la más bella es Blancanieves. La envidia despertó en ella deseos de matar a la joven, y como no pudo, escogió esta fruta para envenenarla. Todos estos relatos tienen en común el poder mágico de la manzana.

En el mundo de las hadas también se les asocia un poder peligroso. Si cometes el error de dormir profundamente bajo un manzano, puede suceder que las hadas te descubran antes de que despiertes y te lleven con ellas. Otra advertencia sobre los manzanos es que cuando recojas fruta, nunca debes arrancar la última del árbol, porque las hadas odian a las personas avarientas que lo quieren todo para sí, y el espíritu del manzano podría vengarse y no dar fruta para la cosecha siguiente.

Pero son las flores las verdaderas reinas del País de las Hadas, que adornan los valles con sus colores y traen la paz al lugar con sus aromas. Para las hadas chiquitas las flores son su casa, escondiéndose para jugar entre las hojas de una campanilla o bajo las hojas de los abedules. En ellas duermen y con ellas juegan.

Las hadas, como todos los seres de las naturaleza, conocen los poderes mágicos de las plantas, que utilizan para sus brebajes. Entre las flores más poderosas se encuentra el trébol de cuatro hojas, capaz de romper los hechizos. Para los solitarios, nada mejor que el pensamiento, remedio infalible en los filtros de amor. Si alguien desea protegerse contra el diablo, le basta con llevar consigo una hierba de San Juan, de gran poder benéfico.


Más peligrosa que éstas es la campánula. Nunca debemos cortar un roble porque nos caerá un gran peligro, pero si el roble que talamos está rodeado de campánulas, el castigo aumentará. En muchos lugares se llega a contar que las brujas elaboran sus hechizos en los bosques de campánulas.



Otra planta siempre presente en los cuentos infantiles y en los dibujos animados es la seta, refugio de los seres pequeños, gnomitos y haditas. Las setas crecen, sobre todo, al pie de los robles, con quien mantienen una relación muy peculiar: las setas dependen del árbol para obtener energía y, a cambio, ayudan al árbol a obtener nutrientes del suelo y protegen sus raicillas de ciertas enfermedades. Sin muchas de estas setas, como las micorrizas, los robles no podrían sobrevivir ni desarrollarse, pero los hongos tampoco podrían existir sin los árboles. Las setas también contribuyen al colorido del lugar con sus sombreros de llamativos colores.

Ahora voy a contar un cuento donde los animales tienen un papel importante.

Érase una vez un matrimonio que deseaba tener un hijo, pero hasta su vejez no se vieron recompensados por ese milagro, y ya muy mayores, la mujer dio a luz a una hermosa hija. La niña creció feliz protegida por sus padres, pero al cumplir los dieciséis años se enamoró del joven mozo que jugaba de niño con ella, y que ahora ayudaba a su padre en las caballerizas. El joven tenía su misma edad y era un muchacho fuerte y valiente. El muchacho hacía mucho tiempo que miraba a escondidas a su amiguita de juegos, y un buen día ocurrió que se enamoraron. El chico sabía que la niña le correspondía, así que decidió ponerse su mejor traje y entrar en casa de la joven para pedírsela a su padre en matrimonio. Los padres querían mucho al muchacho, pero nunca imaginaron que se atreviera a ofrecerse como yerno, y reaccionaron echándole de casa. Cuando la niña vio que sus padres habían echado a su amor, corrió a encerrarse en su habitación, llorando durante días sin querer escuchar a nadie. Los padres trataron de convencerla para que saliera de su habitación, pero ella se negaba. Muy enfadada le gritó su madre:
- ¿Cómo es posible que te hayas fijado en nuestro criado?¿no comprendes que puedes aspirar a un noble caballero y éste no tiene dónde caerse muerto? Antes prefiriría que te perdieras en la selva más profunda a que te casaras con este palurdo.
Y tal como había dicho su madre, la joven desapareció.
Los padres sufrían sin saber dónde estaba su hija. La buscaron por la casa, por el establo, entre los árboles, pero parecía que se la había tragado la tierra. Noche y día lloraban los padres desconsolados buscándola por todos lados, pero no por eso aparecía.
A la mañana siguiente, poco antes de que amaneciera, el muchacho se presentó en la casa de la joven y, con todo respeto, les pidió que le dejaran buscarla. Les dijo que la amaba terriblemente, y que nunca dejaría que a su hija le pasara nada. Los padres miraron al muchacho, le dieron el mejor caballo de la cuadra, una espada y una pequeña bolsa con algunos alimentos para que pasara el día, y le hicieron una promesa:
- Si la encuentras y logras traerla sana y salva, nos hará felices que te cases con ella.
El muchacho asintió agradecido, montó en el caballo y se encaminó hacia el bosque. A medida que se adentraba en su interior, la maleza aumentaba convirtiéndose en una selva profunda que no tenía fin, aunque a lo lejos, al fondo, un hermoso palacio se alzaba. Ilusionado inició el joven el viaje, desconociendo los grandes peligros que le amenazaban en la selva.
El muchacho continuó durante horas cruzando árboles y árboles, sin encontrar a nadie en el camino, hasta que llegó a una cueva en la que un ermitaño descansaba junto a un león, tan dócil como un perro.
- ¡Por fin llegaste! Te esperaba. Sé a lo que vienes y es una causa justa. Siéntate conmigo a comer y descansa esta noche, que mañana te diré cómo puedes seguir.
Agradecido el joven se sentó, comió los alimentos del ermitaño y descansó hasta la mañana siguiente.
- Levántate, joven, que ya es hora de partir. Caminarás en aquella dirección, pero no te preocupes, porque al caer el sol encontrarás a otro ermitaño como yo. Obedece todo lo que diga, porque también querrá ayudarte. Y tú, león mío, acompaña a nuestro amigo, que te necesitará.
Y así lo hizo el muchacho, partió después de dar gracias al ermitaño e inició de nuevo su camino acompañado por el león. Las horas pasaban y pasaban, el sol aumentaba su cansancio, y el caballo y el león querían descansar. Cuando el sol empezaba a ponerse descubrió una cueva, se acercó con cautela y descubrió a otro ermitaño, acompañado éste por un enorme tigre, que más parecía un tierno gatito.
- ¡Por fin llegaste! Te esperaba. Sé a lo que vienes, y es una causa justa. Siéntate conmigo a comer y descansa esta noche, que mañana te diré cómo puedes seguir.
De nuevo el joven sonrió agradecido, se sentó, comió los alimentos y descansó hasta la mañana siguiente.
- Levántate, joven, que ya es hora de partir. Caminarás en aquella dirección, pero no te preocupes, porque al caer el sol encontrarás lo que buscas. Y tú, tigre mío, acompaña a nuestro amigo, que te necesitará

Y contentos iban los cuatro: el joven, su caballo, el león y el tigre. Ya llevaban andando unas cuantas horas cuando vieron un río limpio cruzado por un puente, pero no podían llegar allí porque un vado cortaba el camino. Iban a cruzarlo cuando un enorme gigante los detuvo:
- ¿A dónde te crees que vas tan rápido? ¿Qué es lo que buscas aquí?
- Pasar.
- Pues no pasarás.
- Por mi amada pasaré, aunque sea sobre ti.
Rápidamente el tigre, el león, y el joven a caballo, pasaron por debajo del gigante, que al ser más grande era más torpe y lento, y cuando fue a golpearlos, por la fuerza de su impulso, se golpeó a sí mismo y cayó de cabeza al río.
De nuevo iban los cuatro amigos por el camino, siguiendo el sendero cuando se encontraron una pequeña choza entre los árboles. De su interior salió una vieja arrugada y de mal humor que se cruzó en el camino y le dijo:
- ¿A dónde te crees que vas tan rápido? ¿Qué es lo que buscas aquí?
- Pasar.
- Pues no pasarás.
- Por mi amada pasaré, aunque sea sobre ti.
La vieja se volvió al interior de la casa y los amigos seguían alegremente cuando escucharon que la vieja emitía un silbido agudo y estridente. A sus espaldas diez perros negros de ojos rojos empezaban la persecución.
El león y el tigre se miraron, el león se dirigió a los perros hiriéndolos con toda la furia de la que era capaz, mientras el tigre mordía a la bruja que gritaba pidiendo ayuda, pero no le sirvió de nada, porque cayó muerta. Luego el tigre corrió en busca del león, que todavía luchaba contra los perros, y entre los dos los fueron matando uno a uno.
Y continuaron su camino. La selva se cerraba cada vez más, la noche iba cayendo, los árboles parecían emitir sonidos, las hojas susurros. Siguieron adelante cuando vieron que se abría un claro en el camino, y allí detrás, vieron el hermoso palacio y, en uno de sus balcones, la amada estaba asomada.
Con el corazón encogido el muchacho corrió a las puertas, cuando de pronto empezaron a salir guardianes de todos lados. Los animales luchaban contra los soldados mientras el joven buscaba una escalera. Al otro lado del palacio, una de cuerda caía, y allá que subía el muchacho mientras el león y el tigre intentaban frenar a los guardianes. Subió el muchacho entre el griterío de las voces, los rugidos del tigre y del león y los relinchos del caballo. Más arriba escaló el joven, hasta que llegó a un balcón donde la joven se encontraba. Se abrazó a ella y la besó. Con el primer beso cesó el ruido, con el segundo el palacio apareció rodeado por un campo de amapolas, donde cayeron dormidos por el cansancio. Una vez repuestos, iniciaron el camino de regreso a casa, donde sus padres los esperaban para cumplir su promesa. Y cuentan que los jóvenes se casaron y siempre fueron felices.